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Los inversores internacionales, al abordaje del sector hotelero español

By   /   19 enero, 2014  /   No Comments

Deudas y más deudas, y dificultades para su refinanciación han puesto al sector hotelero español en el punto de mira de la inversión extranjera. Mientras los agentes locales se lamentan de que, a pesar de ser la principal actividad que tira de la economía española, todo son trabas, con subidas de impuestos, bajadas de tarifas o múltiples quejas de que algunas administraciones no apoyan lo suficiente, la toma de posiciones por parte del capital extranjero no cesa.

La desinversión de BFA-Bankia en NH Hoteles ha puesto en evidencia una cosa. Que meter dinero en hoteles, dentro y fuera de España, se ve hoy, a diferencia de lo que ocurría hace un año, como una apuesta segura para ganar dinero a medio y largo plazo. Capitales chinos, árabes o estadounidenses no parecen tener duda alguna al respecto. La que, por ejemplo, ha tenido el siempre buen ojo inversor de Amancio Ortega.

Al fundador del grupo Inditex lo de los hoteles parece sobrarle. Al menos, de momento, no parece verlo claro, aunque, para alguien con tanta capacidad financiera, siempre le cabe la posibilidad de rectificar. El pasado mes de octubre dejaba expedito el camino a los chinos de HNA para que se consolidaran como accionistas principales de NH. Les vendió su 4,06% en la hotelera por casi 53 millones de euros.

Y, en las mismas fechas, Pontegadea, la inversora de Ortega, junto a BBVA –su socio en Occidental Hoteles– ponía en marcha un cambio en la dirección para tratar de que la cadena recupere la senda de los beneficios, y poder así hacerla atractiva de cara a una posterior venta que propicie recuperar a ambos socios el máximo posible de aquellos 700 millones invertidos en esta operación en 2007.

Cambio de tendencia

El cambio de tendencia de los inversores, tanto nacionales como extranjeros, en el negocio hotelero ha sido brutal. Se le ha dado la vuelta como un calcetín. Si hace un año hablábamos de que la inversión en este sector había sido de algo más de 500 millones en 2012, ahora vemos cómo acaba de cerrar el ejercicio 2013 con cifras bien distintas, muy lejanas de las previsiones negativas que entonces se vaticinaban.

Fueron unos 800 millones los que llegaron a través de la compra de participaciones en empresas, directa o indirectamente a través del acopio de sus deudas. La compra del Hotel W Barcelona por un fondo qatarí, por 200 millones de euros, fue la operación más destacada. Pero hubo muchas otras de menor enjundia. Otros 250 millones se destinaron a comprar hoteles ya existentes y más de 300 para cambiar a uso hotelero inmuebles hasta ahora destinados a otros fines.

Entre los vendedores, empresarios en apuros, las entidades financieras y Sareb, el banco malo, fueron algunos de los más activos. El Sabadell, por ejemplo, se desprendió del 6% de la cadena Meliá. La vendió por 61 millones a inversores cualificados, nacionales y extranjeros.

Hoteles como garantía de deuda

Aunque todavía de manera tímida, la entrada indirecta de los fondos en el control de las empresas hoteleras se va a acelerar en los próximos meses con la compra de paquetes de deuda que tienen como garantía estos inmuebles. Una vía en la que Sareb va a jugar un papel principal.

Está por ver la incidencia que tiene en el mercado de compraventa hotelera la compra, por parte de fondos oportunistas, de deuda ligada a estos activos. Los van a comprar muy baratos para luego venderlos a los agentes realmente interesados a un precio superior. Ante esta situación, los propietarios de establecimientos hoteleros que estén pensando en vender tienen dos opciones, o esperar dos o tres años a que el ‘efecto Sareb’ se haya diluido o vender por debajo de las expectativas planteadas.

Promotores en apuros

Algunos promotores que, en tiempos del boom inmobiliario, quisieron tocar todos los palos, también han sido protagonistas de este cambio de propiedad que se está produciendo en el mercado hotelero. Reyal Urbis, unos días antes de entrar en concurso de acreedores, vendió, en febrero de 2013, el hotel Diagonal Port, en Barcelona, por 12 millones de euros.

Y el pasado verano, la promotora de viviendas de lujo Single Home evitó declararse insolvente al vender su negocio hotelero a un grupo indonesio, recortando en 90 millones los casi 300 de pasivo. Operaciones obligadas por los bancos acreedores que van a seguir teniendo una alta incidencia en los próximos meses.

Deudas y más deudas, y dificultades para su refinanciación han puesto al sector hotelero español en el punto de mira de la inversión extranjera. Mientras los agentes locales se lamentan de que, a pesar de ser la principal actividad que tira de la economía española, todo son trabas, con subidas de impuestos, bajadas de tarifas o múltiples quejas de que algunas administraciones no apoyan lo suficiente, la toma de posiciones por parte del capital extranjero no cesa.

La desinversión de BFA-Bankia en NH Hoteles ha puesto en evidencia una cosa. Que meter dinero en hoteles, dentro y fuera de España, se ve hoy, a diferencia de lo que ocurría hace un año, como una apuesta segura para ganar dinero a medio y largo plazo. Capitales chinos, árabes o estadounidenses no parecen tener duda alguna al respecto. La que, por ejemplo, ha tenido el siempre buen ojo inversor de Amancio Ortega.

Al fundador del grupo Inditex lo de los hoteles parece sobrarle. Al menos, de momento, no parece verlo claro, aunque, para alguien con tanta capacidad financiera, siempre le cabe la posibilidad de rectificar. El pasado mes de octubre dejaba expedito el camino a los chinos de HNA para que se consolidaran como accionistas principales de NH. Les vendió su 4,06% en la hotelera por casi 53 millones de euros.

Y, en las mismas fechas, Pontegadea, la inversora de Ortega, junto a BBVA –su socio en Occidental Hoteles– ponía en marcha un cambio en la dirección para tratar de que la cadena recupere la senda de los beneficios, y poder así hacerla atractiva de cara a una posterior venta que propicie recuperar a ambos socios el máximo posible de aquellos 700 millones invertidos en esta operación en 2007.

Cambio de tendencia

El cambio de tendencia de los inversores, tanto nacionales como extranjeros, en el negocio hotelero ha sido brutal. Se le ha dado la vuelta como un calcetín. Si hace un año hablábamos de que la inversión en este sector había sido de algo más de 500 millones en 2012, ahora vemos cómo acaba de cerrar el ejercicio 2013 con cifras bien distintas, muy lejanas de las previsiones negativas que entonces se vaticinaban.

Fueron unos 800 millones los que llegaron a través de la compra de participaciones en empresas, directa o indirectamente a través del acopio de sus deudas. La compra del Hotel W Barcelona por un fondo qatarí, por 200 millones de euros, fue la operación más destacada. Pero hubo muchas otras de menor enjundia. Otros 250 millones se destinaron a comprar hoteles ya existentes y más de 300 para cambiar a uso hotelero inmuebles hasta ahora destinados a otros fines.

Entre los vendedores, empresarios en apuros, las entidades financieras y Sareb, el banco malo, fueron algunos de los más activos. El Sabadell, por ejemplo, se desprendió del 6% de la cadena Meliá. La vendió por 61 millones a inversores cualificados, nacionales y extranjeros.

Hoteles como garantía de deuda

Aunque todavía de manera tímida, la entrada indirecta de los fondos en el control de las empresas hoteleras se va a acelerar en los próximos meses con la compra de paquetes de deuda que tienen como garantía estos inmuebles. Una vía en la que Sareb va a jugar un papel principal.

Está por ver la incidencia que tiene en el mercado de compraventa hotelera la compra, por parte de fondos oportunistas, de deuda ligada a estos activos. Los van a comprar muy baratos para luego venderlos a los agentes realmente interesados a un precio superior. Ante esta situación, los propietarios de establecimientos hoteleros que estén pensando en vender tienen dos opciones, o esperar dos o tres años a que el ‘efecto Sareb’ se haya diluido o vender por debajo de las expectativas planteadas.

Promotores en apuros

Algunos promotores que, en tiempos del boom inmobiliario, quisieron tocar todos los palos, también han sido protagonistas de este cambio de propiedad que se está produciendo en el mercado hotelero. Reyal Urbis, unos días antes de entrar en concurso de acreedores, vendió, en febrero de 2013, el hotel Diagonal Port, en Barcelona, por 12 millones de euros.

Y el pasado verano, la promotora de viviendas de lujo Single Home evitó declararse insolvente al vender su negocio hotelero a un grupo indonesio, recortando en 90 millones los casi 300 de pasivo. Operaciones obligadas por los bancos acreedores que van a seguir teniendo una alta incidencia en los próximos meses.

Fuente: http://www.02b.com

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