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Es triste robar, pero también pedir…

By   /   11 abril, 2014  /   No Comments

Pasear por cualquiera de los aeropuertos principales de España con un traje y una corbata se ha convertido en una especie de suplicio para quienes nos vemos en la obligación de hacerlo con mucha frecuencia.
 

La culpa la tienen dos empresas del mundo del crédito financiero. Me refiero a los propietarios en España de las tarjetas de crédito American Express y Citi. Se han empecinado en que los viajeros de negocios son sus clientes potenciales y allí donde ven posibilidad de ampliar su actividad sitúan el agresivo márketing presencial. Barajas es el aeropuerto en el que más veces en un mismo día he sido asaltado por agradables representantes de estas dos entidades que, con tanta educación como perseverancia, se han propuesto que acabe suscribiendo una de esas tarjetas.

Confieso que hace años fui portador de una American Express. Mi matrimonio con ellos sólo duró 12 meses, el tiempo en el que me la ofrecieron de forma gratuita. Se trata de una tarjeta que en España no acaba de triunfar salvo en establecimientos de alto nivel. Sus comisiones son sangrantes tanto para el comerciante como para el usuario, motivo por el cual dejé de utilizarla. Sólo quienes por alguna otra razón la tienen de forma gratuita pueden permitirse su carísimo uso

 
Por fortuna, la cultura financiera aumenta. Así que eviten el suplicio de esas ofertas presenciales
 

La otra es uno de los principales negocios de los banqueros de Citi en España. Por cierto, como adelantó este medio en exclusiva, tienen todos sus negocios en España a la venta. Así que si les interesa, como al Banco Popular, están dispuestos a negociar. Incluida la actividad de tarjetas de crédito, una de sus principales áreas de ingresos.

Las tarjetas de crédito exclusivas, dirigidas a determinados clientes de un segmento de renta elevado, se han convertido en una puerta de entrada para muchas empresas. Allí pescan las aerolíneas y sus tarjetas de fidelización (de hecho algunas de las comerciales que abordan al potencial cliente empiezan por preguntarle si dispone de la tarjeta Iberia Plus). Si uno es portador de una de las tarjetas de la aerolínea, ¿cómo no va a tener una tarjeta de crédito en consonancia y, además, con unos cientos o miles de puntos adicionales obtenidos de forma gratuita?

Por fortuna, cada vez más los usuarios resultamos capaces de comparar las ofertas y nuestra cultura financiera se incrementa. Además, por si todo eso resultara insuficiente, los medios hemos desarrollado productos informativos como éste, perfectos para comparar antes de decidir. Hagan buen uso para suscribir una tarjeta, un depósito, una cuenta o para lo que corresponda, seguro que estarán mejor asesorados a la hora de decidir.

Mientras, por favor, casi de rodillas, eviten al respetable el suplicio de las agresivas y pesadas ofertas presenciales. No porque se produzcan en aeropuertos o estaciones son mucho más elegantes. No quiero ni American Express ni tarjeta Citi. Además, si algún día cambio de opinión no necesitaré que me persigan camino del duty free, denlo por seguro. Así que, please, permítannos una ida o venida sin sobresaltos. En interpretación libre y como se comenta en los vagones del metro: ya se que es triste robar, como también lo es pedir…

Pasear por cualquiera de los aeropuertos principales de España con un traje y una corbata se ha convertido en una especie de suplicio para quienes nos vemos en la obligación de hacerlo con mucha frecuencia.
 

La culpa la tienen dos empresas del mundo del crédito financiero. Me refiero a los propietarios en España de las tarjetas de crédito American Express y Citi. Se han empecinado en que los viajeros de negocios son sus clientes potenciales y allí donde ven posibilidad de ampliar su actividad sitúan el agresivo márketing presencial. Barajas es el aeropuerto en el que más veces en un mismo día he sido asaltado por agradables representantes de estas dos entidades que, con tanta educación como perseverancia, se han propuesto que acabe suscribiendo una de esas tarjetas.

Confieso que hace años fui portador de una American Express. Mi matrimonio con ellos sólo duró 12 meses, el tiempo en el que me la ofrecieron de forma gratuita. Se trata de una tarjeta que en España no acaba de triunfar salvo en establecimientos de alto nivel. Sus comisiones son sangrantes tanto para el comerciante como para el usuario, motivo por el cual dejé de utilizarla. Sólo quienes por alguna otra razón la tienen de forma gratuita pueden permitirse su carísimo uso

 
Por fortuna, la cultura financiera aumenta. Así que eviten el suplicio de esas ofertas presenciales

La otra es uno de los principales negocios de los banqueros de Citi en España. Por cierto, como adelantó este medio en exclusiva, tienen todos sus negocios en España a la venta. Así que si les interesa, como al Banco Popular, están dispuestos a negociar. Incluida la actividad de tarjetas de crédito, una de sus principales áreas de ingresos.

Las tarjetas de crédito exclusivas, dirigidas a determinados clientes de un segmento de renta elevado, se han convertido en una puerta de entrada para muchas empresas. Allí pescan las aerolíneas y sus tarjetas de fidelización (de hecho algunas de las comerciales que abordan al potencial cliente empiezan por preguntarle si dispone de la tarjeta Iberia Plus). Si uno es portador de una de las tarjetas de la aerolínea, ¿cómo no va a tener una tarjeta de crédito en consonancia y, además, con unos cientos o miles de puntos adicionales obtenidos de forma gratuita?

Por fortuna, cada vez más los usuarios resultamos capaces de comparar las ofertas y nuestra cultura financiera se incrementa. Además, por si todo eso resultara insuficiente, los medios hemos desarrollado productos informativos como éste, perfectos para comparar antes de decidir. Hagan buen uso para suscribir una tarjeta, un depósito, una cuenta o para lo que corresponda, seguro que estarán mejor asesorados a la hora de decidir.

Mientras, por favor, casi de rodillas, eviten al respetable el suplicio de las agresivas y pesadas ofertas presenciales. No porque se produzcan en aeropuertos o estaciones son mucho más elegantes. No quiero ni American Express ni tarjeta Citi. Además, si algún día cambio de opinión no necesitaré que me persigan camino del duty free, denlo por seguro. Así que, please, permítannos una ida o venida sin sobresaltos. En interpretación libre y como se comenta en los vagones del metro: ya se que es triste robar, como también lo es pedir…

Fuente: http://www.02b.com

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