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Bachaqueros, Guarimbas y desfiles de Disney

By   /   27 marzo, 2014  /   No Comments

Desde que visité por primera vez Venezuela, hace doce años, dos cosas permanecen invariables: una es el precio de la gasolina. Sigue siendo más barata que el agua. Es uno de tantos productos subsidiados por el Gobierno, hasta el extremo de que producir gasolina cuesta 28 veces el propio precio de venta (fuente PDVSA, Petróleos de Venezuela). Aunque el Gobierno trate de evitar el contrabando de gasolina por carretera hacia Colombia, cada día unos cien mil barriles traspasan la frontera: la picaresca, hija directa de la necesidad, es más audaz. Los venezolanos conducen viejos coches que han modificado para incluirles dos tanques de gasolina. Cruzan hasta Colombia, venden la gasolina a los locales y regresan vacíos. En el camino de vuelta paran a repostar en alguno de los puestecitos que, otros venezolanos, han instalado debajo de un árbol. Como Elizabeth. Con ese pequeño negocio mantiene a cuatro hijos y cinco sobrinos. Desde hace muchos años mencionar un aumento de la gasolina era como mentar la soga en casa del ahorcado. Pero desde que salen cien mil barriles a diario con destino a Cuba, regalo al hermano Fidel, la gente empieza a protestar. Un gasolinero gana más con las propinas de los conductores que repostan que lo que le corresponde por su propio salario. (Haz click en el título para leer más)

Desde que visité por primera vez Venezuela, hace doce años, dos cosas permanecen invariables: una es el precio de la gasolina. Sigue siendo más barata que el agua. Es uno de tantos productos subsidiados por el Gobierno, hasta el extremo de que producir gasolina cuesta 28 veces el propio precio de venta (fuente PDVSA, Petróleos de Venezuela). Aunque el Gobierno trate de evitar el contrabando de gasolina por carretera hacia Colombia, cada día unos cien mil barriles traspasan la frontera: la picaresca, hija directa de la necesidad, es más audaz. Los venezolanos conducen viejos coches que han modificado para incluirles dos tanques de gasolina. Cruzan hasta Colombia, venden la gasolina a los locales y regresan vacíos. En el camino de vuelta paran a repostar en alguno de los puestecitos que, otros venezolanos, han instalado debajo de un árbol. Como Elizabeth. Con ese pequeño negocio mantiene a cuatro hijos y cinco sobrinos. Desde hace muchos años mencionar un aumento de la gasolina era como mentar la soga en casa del ahorcado. Pero desde que salen cien mil barriles a diario con destino a Cuba, regalo al hermano Fidel, la gente empieza a protestar. Un gasolinero gana más con las propinas de los conductores que repostan que lo que le corresponde por su propio salario. (Haz click en el título para leer más)

Fuente: http://www.biciclown.com/index.php?mmod=diari&file=list&cID=&clang=es

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