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Aena, impotente ante las mafias de sus aeropuertos

By   /   29 noviembre, 2014  /   No Comments

Hoy quiero hablar de un asunto menor en el sentido de que no pone en riesgo la economía del país, ni el futuro del turismo, pero sí tiene mucho valor simbólico porque demuestra hasta dónde nuestras instituciones públicas están literalmente fuera de juego, fuera de la realidad.   Se trata de la situación desastrosa en […]

Hoy quiero hablar de un asunto menor en el sentido de que no pone en riesgo la economía del país, ni el futuro del turismo, pero sí tiene mucho valor simbólico porque demuestra hasta dónde nuestras instituciones públicas están literalmente fuera de juego, fuera de la realidad.

 

noticias de noticias de transportes rss 2 aeropuertos ,  Safebag Barajas Aena , Aena, impotente ante las mafias de sus aeropuertosSe trata de la situación desastrosa en la que se encuentra la empresa Safebag, que ganó el concurso convocado por Aena para prestar el servicio de plastificado de maletas en el aeropuerto de Barajas, a cambio de unos 2,9 millones de euros, dando empleo a más de sesenta personas. Hasta aquí, todo normal. Si Safebag ofreció este dinero, sabrá por qué lo ha hecho.

 

El problema empieza cuando varios grupos de personas, sin haber concursado y sin haber sido autorizados por Aena, instalan puestos de plastificado de maletas en todo el aeropuerto, a precios inferiores a los del concesionario que sí paga a Aena. Safebag concursó para obtener la gestión de un servicio en exclusiva, pero se encuentra que Aena no le garantiza lo que prometió. La situación fue denunciada por los trabajadores de la empresa oficial, sin reacción alguna. Incluso, los trabajadores afirman haber sido amenazados y golpeados por lo que califican como ‘mafias’ de origen rumano y búlgaro que controlan estas organizaciones sin licencia.

 

El último episodio es que los trabajadores de Safebag, que ven peligrar sus puestos, han colocado carteles de protesta en sus máquinas, a lo largo de todo el aeropuerto, exigiendo medidas. Dicen haber remitido una carta a la dirección de Aena y también que han informado a la policía de esta situación. La policía, con cierta lógica, dice que el aeropuerto no es la vía pública y, por lo tanto, se trata de un asunto de Aena. ¿Y Aena?

 

Aena, cuyo máximo responsable decía hace pocos días en los medios de comunicación que la gestión de la dirección del ente público era la mejor posible (o sea, que él mismo era una maravilla que se merece un sueldo mucho mayor), no responde. O sí: ha enviado a los vigilantes jurados que tiene contratados para retirar los carteles de protesta que han puesto en la terminal. Pero, aparte esto, o sea aparte de acallarlos, nadie toma medidas y que esto ya se prolonga demasiado tiempo. Estos son los hechos, completamente increíbles. Oigan: que si no hubiera leído varias versiones coincidentes, si no hubiera visto las fotografías de los vigilantes jurados retirando los carteles, dudaría seriamente de que se haya podido llegar a esta situación.

 

¿Qué ocurriría si una ‘mafia’ se pusiera a vender bocadillos en los aeropuertos? ¿Y si otra se encargara de descargar las maletas de los aviones? ¿Cómo puede ser que una organización que es parte del Estado acepte que los términos de sus propios acuerdos, de sus propios concursos, no se puedan cumplir porque es incapaz de expulsar de sus dependencias a estos grupos? Si fuera cierta la violencia que denuncian los trabajadores de Safebag, la situación sería aún más disparatada. ¿En qué tipo de países puede ocurrir algo así?

 

Francamente, yo no concibo un despropósito así en un país serio. Yo no concibo tal ausencia de gestión y tal desidia en Europa. Creo que ni siquiera en Rumanía o en Bulgaria podríamos encontrarnos con tamaño disparate. ¿Qué imagen trasmite Aena de nuestro país?

 

Francamente, es absolutamente impresionante ver el contraste entre lo que el presidente de la empresa Aena piensa de su gestión y lo que un episodio como este -por un lado menor pero, por otro, altamente revelador de nuestra impotencia, de nuestra incapacidad, del tremendo enredo que son nuestras empresas públicas- revela.

 

Si en un asunto tan inequívocamente ilegal, en el que la razón está tan claramente de una parte, no somos capaces de actuar con la contundencia que la Ley tiene que darnos, ¿qué sucede con asuntos relacionados con la competencia, con la mejora de la gestión, con la eficacia, con el rigor, en los que las cosas no son tan claras?

 

Viendo esto es cuando uno se explica cómo en plena crisis, con el país hecho unos zorros, Aena puede publicar un concurso público para la compra del coche oficial del director financiero, exigiendo que el revestimiento del interior sea de un tipo de seda determinado.

Fuera del mundo, fuera de la realidad.

Fuente: http://www.preferente.com

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